Testosterone
La testosterona es la principal hormona sexual masculina, producida sobre todo en los testículos, y los preparados de prescripción reponen lo que el organismo no está produciendo. Se une a los receptores androgénicos de todo el cuerpo y además se convierte en estradiol y en dihidrotestosterona, razón por la cual sus efectos van más allá de la masa muscular y la libido. Se prescribe ante una testosterona baja confirmada, no para el cansancio común ni para el envejecimiento.
El tratamiento sustitutivo espesa la sangre, por lo que el hematocrito y la hemoglobina se controlan de forma programada y un hematocrito en ascenso es el motivo habitual para reconsiderar la dosis. Se siguen la testosterona y la SHBG para juzgar cuánta hormona queda realmente libre y activa, el estradiol porque parte de la hormona se aromatiza a él, y el colesterol LDL porque los andrógenos pueden desplazar el perfil lipídico de forma desfavorable. La sustitución suprime la producción propia del organismo y la producción de espermatozoides, lo que importa a quien todavía pueda desear tener hijos, y el cribado de próstata se mantiene igual que antes en lugar de abandonarse.
Las cefaleas, la sensación de sofoco o una sangre que se percibe inusualmente espesa junto con un hematocrito en ascenso, así como cualquier dificultad urinaria nueva o hallazgo prostático, son motivos para acudir al médico y no para ajustar nada por cuenta propia.
Información de referencia, no un consejo médico. Consulta cualquier cambio con tu médico.