La testosterona es el principal andrógeno, producido sobre todo en los testículos y, en menor cantidad, en los ovarios y en la corteza suprarrenal. El ensayo habitual informa la testosterona total, es decir, la fracción unida a las proteínas transportadoras junto con la pequeña fracción libre. Habla del eje gonadal y, de forma indirecta, de las señales hipofisarias que lo estimulan.
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Los valores disminuidos en los hombres acompañan con mayor frecuencia a la insuficiencia testicular, la supresión hipofisaria o hipotalámica, la obesidad, la enfermedad crónica y el consumo de opioides o glucocorticoides, y tienden a descender con la edad. Los valores elevados en las mujeres apuntan con mayor frecuencia al síndrome de ovario poliquístico o a un origen suprarrenal de los andrógenos; en los hombres, los resultados elevados suelen reflejar testosterona exógena. Dado que las concentraciones de las proteínas transportadoras desplazan el total con independencia de lo que realmente reciben los tejidos, un resultado próximo a cualquiera de los dos límites es un motivo para repetir la prueba y llevarla a un médico, no una conclusión.
La secreción sigue un ritmo diario con un pico matutino, por lo que la muestra se extrae normalmente a primera hora de la mañana y en ayunas; la enfermedad aguda, el sueño insuficiente y el esfuerzo intenso del día anterior la reducen de forma transitoria. La testosterona total se lee junto con la SHBG, que determina qué proporción está unida, y junto con la LH y la FSH, que separan una causa testicular de una hipofisaria. Se añaden el estradiol y la prolactina cuando el cuadro sugiere aromatización o un proceso hipofisario.
Los rangos de referencia son valores generales para adultos y dependen del laboratorio, el método, la edad y el sexo. Son orientativos, no diagnósticos: comenta los resultados con tu médico.