Azithromycin
La azitromicina es un antibiótico macrólido. Se une al ribosoma bacteriano e impide que las bacterias fabriquen las proteínas que necesitan, lo que detiene su crecimiento; permanece en los tejidos mucho después de la última dosis, por lo que los tratamientos son cortos. Se utiliza en infecciones bacterianas, habitualmente de las vías respiratorias, la piel y algunas de transmisión sexual.
Los comprimidos se toman con o sin alimentos, las cápsulas con el estómago vacío, y en ambos casos se mantienen bien separados de los antiácidos, cuyo aluminio y magnesio se unen al fármaco y reducen su absorción; además, interfiere con el propio magnesio. Los probióticos se separan unas horas para que el antibiótico no los elimine sin más, y el tratamiento se completa entero incluso cuando los síntomas desaparecen. Puede aumentar el efecto de la warfarina y, junto con atorvastatina, el riesgo de lesión muscular, y se vigila la ALT porque el hígado se encarga de este fármaco.
La azitromicina puede prolongar el intervalo QT, por lo que los desmayos, las palpitaciones o un latido acelerado e irregular obligan a acudir al médico sin demora. El dolor o la debilidad muscular sin explicación, la orina oscura, la piel amarillenta o la diarrea intensa, acuosa o con sangre también requieren valoración médica.
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