El recuento de glóbulos blancos mide cuántos leucocitos circulan en un volumen de sangre. Estas células son la parte móvil del sistema inmunitario: se ocupan de las infecciones, retiran el tejido dañado e impulsan las respuestas inflamatorias y alérgicas. El recuento es un indicador amplio de la actividad inmunitaria y de en qué medida la médula ósea produce estas células.
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Un recuento elevado refleja con mayor frecuencia una infección bacteriana en curso u otro proceso inflamatorio, y también sube con el estrés físico, las lesiones tisulares y el tratamiento con corticoides. Un recuento disminuido se observa en algunas infecciones virales, en ciertas enfermedades autoinmunitarias y cuando la médula está suprimida, incluso como reacción a determinados medicamentos. Ambos sentidos describen actividad, no una enfermedad concreta, y un valor fuera del rango habitual es motivo para repetir la prueba y para una valoración médica.
El recuento fluctúa a lo largo del día y sube de forma transitoria tras un ejercicio intenso, una comida abundante, el tabaco o un estrés emocional agudo, por lo que el momento de la extracción importa; el embarazo lo eleva durante toda la gestación, lo que desplaza el rango aplicable. Varios fármacos se vigilan específicamente con esta prueba, entre ellos el metamizol, el tiamazol, el sulfametoxazol/trimetoprima, el metronidazol, la terbinafina y la mirtazapina. Se interpreta junto con la fórmula leucocitaria, en particular con las cifras absolutas de neutrófilos y linfocitos, ya que el total dice poco sobre qué población ha cambiado.
Los rangos de referencia son valores generales para adultos y dependen del laboratorio, el método, la edad y el sexo. Son orientativos, no diagnósticos: comenta los resultados con tu médico.