La TSH, o tirotropina, es producida por la hipófisis e indica a la tiroides cuánta hormona liberar. Como la hipófisis reacciona al nivel de hormona tiroidea en la sangre, la TSH se mueve en dirección opuesta a esta y es la señal precoz más sensible de un cambio en el estado tiroideo. Informa sobre el eje hipófisis-tiroides en su conjunto, no sobre la glándula de forma aislada.
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Una TSH elevada significa con mayor frecuencia que la hipófisis está estimulando una tiroides que produce demasiado poco: el cuadro de una glándula hipoactiva, con frecuencia de origen autoinmune. Una TSH disminuida acompaña con mayor frecuencia a un exceso de hormona tiroidea, ya proceda de la propia glándula o de una dosis de sustitución fijada por encima de lo necesario. Ambas direcciones pueden aparecer también de forma transitoria durante y después de una enfermedad no relacionada, por lo que un valor anormal aislado exige una repetición y la lectura de un médico, y no una conclusión.
La TSH sigue un ritmo diario, con un máximo nocturno y un descenso por la tarde, por lo que conviene extraer las pruebas repetidas a una hora similar; el momento de la dosis de levotiroxina no la afecta de forma relevante, mientras que los suplementos de biotina en dosis altas, el embarazo y cualquier enfermedad aguda pueden distorsionarla. Se interpreta junto con la T4 libre y la T3 libre, y con los anticuerpos anti-TPO y antitiroglobulina cuando la causa del cambio está en cuestión.
Los rangos de referencia son valores generales para adultos y dependen del laboratorio, el método, la edad y el sexo. Son orientativos, no diagnósticos: comenta los resultados con tu médico.