Los triglicéridos son la principal forma de almacenamiento de grasa del organismo y circulan en lipoproteínas que llevan energía desde el intestino y el hígado hasta los tejidos. La prueba refleja el manejo de las grasas y está estrechamente ligada al metabolismo de los hidratos de carbono y a la acción de la insulina. Dentro del perfil lipídico habla del estado metabólico tanto como del riesgo cardiovascular.
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Los triglicéridos elevados se observan con mayor frecuencia tras la ingesta reciente de alimentos o de alcohol, y con la obesidad, la resistencia a la insulina, la diabetes mal controlada, el hipotiroidismo, la enfermedad renal y hepática y ciertos trastornos lipídicos hereditarios; los valores marcadamente altos hacen surgir además la preocupación por una pancreatitis. Los valores bajos tienen significado con menor frecuencia y pueden acompañar a la desnutrición, la malabsorción o una tiroides hiperactiva. Dado que la variación de un día a otro es amplia, un resultado anómalo suele confirmarse en una nueva muestra antes de extraer cualquier conclusión con el médico.
El ayuno importa aquí más que para los demás lípidos, y el alcohol, una enfermedad aguda y el embarazo elevan el resultado; se sabe que varios medicamentos, entre ellos los betabloqueantes, algunos antipsicóticos y los preparados que contienen estrógenos, influyen en él, mientras que los fibratos se administran para reducirlo. Los triglicéridos altos hacen además que el colesterol LDL calculado no sea fiable, por lo que el resultado se interpreta junto con el colesterol total y el colesterol HDL, el colesterol no HDL y la apolipoproteína B, y con la glucosa o la HbA1c cuando se están considerando causas metabólicas.
Los rangos de referencia son valores generales para adultos y dependen del laboratorio, el método, la edad y el sexo. Son orientativos, no diagnósticos: comenta los resultados con tu médico.