La prolactina es una hormona hipofisaria cuya función clásica es la producción de leche tras el parto. Fuera de ese contexto actúa en gran medida como marcador de la función hipofisaria, porque un exceso mantenido suprime las señales hormonales que estimulan los ovarios y los testículos. Por eso la prueba suele aparecer cuando se investigan los ciclos, la fertilidad o la libido.
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La prolactina elevada refleja con mayor frecuencia un adenoma hipofisario benigno, una tiroides hipofuncionante, el embarazo o la lactancia, la estimulación de la pared torácica o la medicación, en particular los antipsicóticos y algunos antieméticos y antidepresivos. Las elevaciones moderadas proceden a menudo únicamente del estrés en torno a la extracción de sangre y desaparecen en una muestra repetida en calma. La prolactina baja rara vez tiene peso clínico por sí sola. Un resultado elevado es un motivo para repetir la prueba y consultar a un médico, no un hallazgo en sí mismo.
Las concentraciones aumentan con el sueño, el estrés, el ejercicio, la estimulación del pezón e incluso con la venopunción, por lo que la muestra suele tomarse por la mañana, en reposo, algunas horas después de despertar; la macroprolactina, una forma unida e inerte, puede inflar la cifra y el laboratorio puede cribarla. La prolactina se lee junto con la LH, la FSH y la testosterona o el estradiol, ya que su principal efecto es suprimir ese eje, y es habitual añadir pruebas tiroideas.
Los rangos de referencia son valores generales para adultos y dependen del laboratorio, el método, la edad y el sexo. Son orientativos, no diagnósticos: comenta los resultados con tu médico.