La lipoproteína(a) mide una partícula transportadora de colesterol concreta que se asemeja a la LDL pero lleva unida una proteína adicional, la apolipoproteína(a). Su concentración viene determinada en gran medida por la herencia y se mantiene bastante estable a lo largo de la vida, por lo que refleja un componente hereditario del riesgo cardiovascular y no la dieta o el estilo de vida actuales. Suele medirse una sola vez, para situar el riesgo basal de la persona junto al resto del cuadro lipídico.
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Los valores elevados reflejan casi siempre la variante hereditaria que produce una mayor cantidad de esta partícula, y se asocian a nivel poblacional con enfermedad aterosclerótica más temprana de las arterias del corazón y con estrechamiento de la válvula aórtica. Las concentraciones también pueden desplazarse al alza en la enfermedad renal, en el hipofuncionamiento de la glándula tiroidea y después de la menopausia. Los valores bajos no tienen un significado reconocido para la salud y no se consideran un hallazgo. Un resultado elevado describe un riesgo a largo plazo, no un episodio en curso, y corresponde tratarlo con un médico dentro del cuadro global de riesgo.
La concentración apenas responde al ayuno, a la hora del día o a una comida reciente, pero una enfermedad inflamatoria o una infección en curso pueden elevarla de forma transitoria, por lo que conviene repetir una vez un resultado alto obtenido durante una enfermedad, cuando la recuperación sea completa. Los métodos difieren en si informan masa o número de partículas, lo que dificulta comparar directamente resultados de laboratorios distintos. Se interpreta junto al colesterol LDL, el colesterol no HDL y la apolipoproteína B, ya que estos describen la carga de partículas aterogénicas a la que esta se suma.
Los rangos de referencia son valores generales para adultos y dependen del laboratorio, el método, la edad y el sexo. Son orientativos, no diagnósticos: comenta los resultados con tu médico.