El hierro sérico mide el hierro que circula en la sangre unido a la transferrina, la proteína que lo transporta a la médula ósea y a otros tejidos. Refleja lo que está en tránsito en el momento de la extracción, no lo que el organismo tiene almacenado. Por esa razón constituye una parte del perfil del metabolismo del hierro y no una medida aislada del estado del hierro.
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Los valores disminuidos se observan con mayor frecuencia en la ferropenia por pérdida de sangre, ingesta insuficiente o mala absorción, y también durante infecciones e inflamación, que retiran hierro de la circulación sin que exista una carencia real. Los valores elevados suelen deberse a suplementos de hierro o a transfusiones, y pueden acompañar a situaciones de sobrecarga de hierro o a un daño de las células hepáticas que libera el hierro almacenado. Dado que la cifra oscila ampliamente de un día a otro, importa más la dirección que un único número, y la interpretación se apoya en el perfil en su conjunto. Un resultado inesperado es motivo para repetir el análisis y consultar con un médico.
El hierro sigue un ritmo diario, con cifras más altas por la mañana que descienden a lo largo del día, por lo que las muestras suelen extraerse por la mañana tras un ayuno nocturno; el hierro oral, los multivitamínicos y las comidas recientes pueden elevarlo de forma acusada durante horas, y la hemólisis de la muestra lo aumenta falsamente. Se interpreta junto con la ferritina, que refleja los depósitos, y con la transferrina, la capacidad total de fijación del hierro y la saturación de transferrina, el cociente que concentra la mayor parte del peso diagnóstico.
Los rangos de referencia son valores generales para adultos y dependen del laboratorio, el método, la edad y el sexo. Son orientativos, no diagnósticos: comenta los resultados con tu médico.