La insulina es la hormona que liberan las células beta del páncreas para desplazar la glucosa desde la sangre hacia el músculo, el hígado y el tejido adiposo. Medida tras un ayuno nocturno, muestra cuánta hormona necesita el páncreas para mantener la glucosa en ayunas donde está. Informa del lado de la señalización de la insulina en el metabolismo de los carbohidratos, más que de los niveles de azúcar en sí.
Aún no hay lecturas para este marcador.
Una insulina en ayunas elevada refleja con mayor frecuencia resistencia a la insulina, en la que los tejidos responden débilmente y el páncreas compensa secretando más; acompaña además al exceso de peso, al síndrome metabólico y al síndrome de ovario poliquístico. Los valores bajos apuntan con mayor frecuencia a una producción reducida de las células beta, como en la diabetes de larga evolución o de tipo 1, y a veces se observan sencillamente en personas delgadas y sensibles a la insulina. La insulina no se interpreta como un veredicto por sí sola: la misma cifra significa cosas distintas según la glucosa que la acompañe. Un resultado inesperado es motivo para repetir la prueba y comentarlo con un médico.
La prueba requiere un ayuno nocturno real: cualquier alimento, bebida azucarada o incluso un café con azúcar en las horas previas la eleva, y el ejercicio reciente o una enfermedad aguda la desplazan en cualquiera de las dos direcciones. El tratamiento con insulina exógena y los fármacos que estimulan la secreción distorsionan la lectura, razón por la cual se prefiere el péptido C en pacientes tratados. La insulina se interpreta junto con la glucosa en ayunas, a partir de la cual se calcula el HOMA-IR, y junto con la HbA1c y el péptido C.
Los rangos de referencia son valores generales para adultos y dependen del laboratorio, el método, la edad y el sexo. Son orientativos, no diagnósticos: comenta los resultados con tu médico.