La proteína C reactiva la produce el hígado en respuesta a las señales inflamatorias, y su concentración sigue la cantidad de inflamación activa en el organismo en el momento de la extracción. Es un marcador general: indica que hay un proceso inflamatorio en marcha, no dónde se sitúa ni qué lo impulsa. Los ensayos de alta sensibilidad miden la misma proteína en el extremo bajo, donde describe una inflamación de bajo grado y de larga evolución.
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La PCR elevada aparece con mayor frecuencia tras una infección, una lesión, una cirugía o un brote de una enfermedad inflamatoria, y los ascensos mayores suelen acompañar a la infección bacteriana. Las elevaciones moderadas son frecuentes con el exceso de peso corporal, el tabaquismo y las enfermedades inflamatorias crónicas o cardiometabólicas. Los valores bajos indican simplemente que no hay inflamación aguda medible en ese momento. Como la PCR no señala ninguna causa, un resultado elevado inesperado es motivo para repetir el análisis una vez pasado cualquier episodio agudo y comentarlo con un médico.
La PCR se eleva en cuestión de horas tras un estímulo inflamatorio y desciende con rapidez una vez que este se resuelve, por lo que el momento respecto a una enfermedad reciente, una lesión, un tratamiento dental o una vacunación modifica la cifra; el ejercicio intenso, el embarazo y la medicación que contiene estrógenos también la desplazan. Se lee junto con la velocidad de sedimentación globular, que se modifica más despacio y va por detrás de ella, y con el fibrinógeno. Para el riesgo cardiovascular, el resultado de alta sensibilidad suele obtenerse en un momento de buena salud, alejado de cualquier enfermedad aguda.
Los rangos de referencia son valores generales para adultos y dependen del laboratorio, el método, la edad y el sexo. Son orientativos, no diagnósticos: comenta los resultados con tu médico.