La apolipoproteína B es la proteína estructural que llevan las partículas LDL, VLDL, IDL y de lipoproteína(a), una molécula por partícula. Medirla equivale, por tanto, a contar las partículas aterogénicas de la sangre en lugar del colesterol que va empaquetado en su interior. Se utiliza en el perfil lipídico como medida directa de la carga de partículas que puede penetrar en la pared arterial.
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Una apolipoproteína B más alta se observa con mayor frecuencia con un colesterol LDL y un colesterol no HDL elevados, y con la resistencia a la insulina, la obesidad, la diabetes tipo 2, el hipotiroidismo, la enfermedad renal o hepática, o los trastornos lipídicos familiares; puede ser alta incluso cuando el colesterol LDL parece aceptable, sobre todo cuando los triglicéridos están elevados y las partículas son pequeñas. Los valores más bajos suelen acompañar a un patrón lipídico favorable y rara vez reflejan un déficit hereditario, una malabsorción o una tiroides hiperactiva. Un resultado aislado se confirma repitiendo la prueba y se interpreta con el médico frente al conjunto del riesgo.
El valor se desplaza con una enfermedad aguda reciente, el embarazo y un cambio de peso marcado, y los ensayos están estandarizados, por lo que cambiar de laboratorio puede mover ligeramente la cifra. Se interpreta junto con el colesterol LDL y el colesterol no HDL, con los que debería concordar en términos generales, y con los triglicéridos, ya que la discordancia aparece con mayor frecuencia cuando estos son altos; la lipoproteína(a) aporta parte de la apolipoproteína B medida y se evalúa por separado.
Los rangos de referencia son valores generales para adultos y dependen del laboratorio, el método, la edad y el sexo. Son orientativos, no diagnósticos: comenta los resultados con tu médico.