La fosfatasa alcalina es una enzima presente en muchos tejidos, sobre todo en los conductos biliares del hígado y en las células formadoras de hueso. Las concentraciones en sangre reflejan la producción combinada de esas dos fuentes, con aportes menores del intestino y, en el embarazo, de la placenta. Refleja a la vez el flujo biliar y el recambio óseo, razón por la cual nunca se interpreta de forma aislada.
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Los valores elevados proceden casi siempre o bien de un flujo biliar obstruido, ya sea dentro del hígado o en los conductos mayores, o bien de un aumento de la actividad ósea, como en las fracturas en consolidación, el déficit de vitamina D o la enfermedad de Paget. Un ascenso moderado es normal en el embarazo, y los ascensos marcados son normales en niños y adolescentes, cuyos huesos están creciendo. Los valores bajos son poco frecuentes y pueden acompañar al hipofuncionamiento de la glándula tiroidea, al déficit de zinc o a un déficit enzimático hereditario poco común. Un resultado fuera de rango es un punto de partida para que un médico establezca de qué tejido procede.
Una comida grasa poco antes de la extracción puede elevar la cifra, por lo que la prueba suele realizarse en ayunas, y tanto el grupo sanguíneo como la edad influyen en el valor basal. Su origen se distingue observando la GGT, que aumenta con la forma hepática pero no con la ósea, y se interpreta junto a la bilirrubina, la ALT y la AST cuando se plantea un problema de los conductos biliares.
Los rangos de referencia son valores generales para adultos y dependen del laboratorio, el método, la edad y el sexo. Son orientativos, no diagnósticos: comenta los resultados con tu médico.